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Mis Recuerdos de don Luis Alberto Monge

Luis Alberto Monge Álvarez ha sido reconocido como el presidente de carácter más humilde y sencillo en la historia de Costa Rica. Electo para el período entre 1982 y 1986, le tocó enfrentar desafíos extremadamente difíciles de los que logró salir avante. Por un lado, tuvo que sacar al país de la profunda crisis económica de los 80, y, por otro lado, tuvo que sortear con gran habilidad el clima de enfrentamiento bélico en el que estaba enmarcada la región a causa de la Guerra Fría. Por mi trabajo en el Sector Turismo, tuve varias oportunidades de participar en actividades en las pude ser testigo de sus notables cualidades como ser humano y político avezado.

De acuerdo a artículo de David Díaz Arias, publicado en La Nación, el presidente Reagan tuvo una «muy buena impresión del presidente Luis Alberto Monge (1982-1986)» y destacó que escribió sobre una rápida reunión del 4 de noviembre de 1982 en su diario lo siguiente: “Vino el presidente Monge de Costa Rica. Él es un buen hombre y ha tratado de hacer lo mejor por sacar a su país de una crisis económica”.

Una de ellas, se dio justamente en el año 1982, con motivo de la visita del presidente Ronald Reagan de los Estados Unidos. El mandatario norteamericano, que sabía poco del país, quedó muy impactado por la cariñosa bienvenida que recibió de la sociedad tica y del presidente Monge, entendiendo que, en el contexto de aquella época, en muchos países del mundo se generaban grandes disturbios y manifestaciones en contra de los estadounidenses por su política exterior. Este hecho quedaría reflejado en un diario de vida que escribió de su propio puño y letra con un comentario de elogio y admiración tanto por Costa Rica y como por su colega costarricense. A diferencia de otros presidentes de EEUU, Reagan no pudo escribir sus memorias debido a la enfermedad del Alzheimer que lo aquejó desde su segunda presidencia.

En aquel encuentro, se dio entre los dos presidentes una espontánea y mutua amistad y admiración. Tanto Reagan como Monge eran políticos atípicos y ambos habían iniciado su vida pública como dirigentes sindicales. Debido a ese ambiente tan amistoso, Reagan, que fue también un actor hollywoodense, le ofreció a Luis Alberto, al estilo del famoso cuento “Aladino y la lámpara maravillosa” del libro “Las mil y una noches”, que le hiciera tres peticiones a las que se comprometía cumplir, siempre y cuando se las entregara antes de salir del país. Este ofrecimiento generó, de parte de todos los ministerios e instituciones autónomas del Estado, una carrera frenética tratando de encontrar proyectos viables y bien elaborados que pudieran ser presentados al presidente. Se disponía de muy pocas horas y las propuestas fueron muy pocas y la mayoría incompletas.

El presidente ejecutivo del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el Dr. Manuel Emilio Montero, me pidió que buscará un proyecto para el Sector Turismo, lo que parecía también una labor complicada en tan breve plazo. Llamé a varios amigos del Sector Privado, muy creativos y conocedores de la mentalidad estadounidense, como Gustavo Yglesias, Arturo Otero y Humberto Pacheco. Este último, me recordó que yo había elaborado un proyecto para obtener que los gastos de los norteamericanos que participaban en congresos de negocios o profesionales en el país pudieran ser aceptados como gasto deducible por el Servicio de Impuestos Internos, o IRS, por sus siglas en inglés, que es la administración tributaria de EEUU.

Esa propuesta había sido rechazada seis meses antes por las autoridades norteamericanas, pero tenía la ventaja de estar hecha en un documento muy bien fundamentado, en el que yo había recibido asesoría del propio Humberto y de abogados tributarios de la Procuraduría General de la República (PGR), y tenía una excelente traducción oficial al inglés. Fue así como le entregamos al presidente Monge aquel proyecto, con una carta introductoria ad hoc para su firma, dirigida al presidente Reagan. Al día siguiente, en una la última reunión con el mandatario norteamericano, el presidente lo entregó, y Reagan al ver que se trataba de un tema tributario, incorporó a la reunión al secretario del Tesoro, Donald Regan, que jerárquicamente es el superior del IRS, y le dijo: “Este es un compromiso que vamos cumplir”.

La promesa se cumplió mediante una cláusula especial incorporada a la Ley de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC). Gracias a ella, Costa Rica se benefició, convirtiéndose en un destino turístico de Congresos, Convenciones y Viajes de Incentivos de empresas norteamericanas. En los primeros 12 años, entre 1984 y 1996, solo dos países gozaron de este beneficio, y posteriormente se amplió a otros.

Otra anécdota que refleja muy bien la dignidad del presidente Monge y a la vez su carácter socarrón, muy propio de los campesinos ticos, la viví algunos años después. Por efectos de la misma Guerra Fría había abundante ayuda económica a Costa Rica, por ser entonces la única democracia auténtica de la región. Parte de esa ayuda se materializaba por medio de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, el USAID, y del Cuerpo de Paz, que nos enviaba constantemente misiones de jóvenes norteamericanos, todos universitarios, a ayudar en diferentes áreas y especialidades.

Casi al final de su gobierno, me llamaron del Cuerpo de Paz pidiéndome cooperación para un grupo de unos 25 voluntarios, que estaban llegando al país y que la institución que supuestamente iba ser su contraparte no les había preparado nada. Me consultaban si yo podía organizar un programa de trabajo para ellos en el Sector Turismo. Les dije que sí y, junto con mi colaborador, don Juan Borloz, les programamos actividades en las principales regiones del país con la misión de colaborar en el fortalecimiento de las Cámaras de Turismo Regionales existentes y de crear nuevas Cámaras en los lugares en los que todavía no había. En paralelo, debían dar charlas en los temas de sus especialidades, hacer trabajos comunitarios y enseñarles el idioma inglés a los empresarios y trabajadores de las empresas turísticas. A pesar de lo improvisado, el programa fue muy exitoso y tuvo un impacto muy apreciado, tanto en el Cuerpo de Paz como en las comunidades beneficiadas.

Debido a este éxito, al finalizar la misión, se programó una visita al presidente Monge en su casa de Pozos de Santa Ana, en la que el presidente quería agradecerles personalmente. La reunión estaba fijada para las cinco de la tarde y a esa hora todos llegaron puntualmente. La única persona que faltaba era el embajador norteamericano, de apellido Tambs, motivo por el que don Luis decidió retrasar el inicio de la ceremonia hasta que este llegara. El reloj avanzaba y no había indicios del embajador. Al fin llegó, con más de una hora de atraso y con apariencia de estar subido de alcohol, muy eufórico y haciendo comentarios en alta voz muy poco diplomáticos. Tanto el presidente como los costarricenses que estábamos presentes mantuvimos un respetuoso silencio, pero era evidente que los muchachos del Cuerpo de Paz se molestaron por el comportamiento de su embajador. Debido al atraso, se decidió que solo hablaría el presidente, uno de los voluntarios en representación de sus compañeros y mi persona explicando brevemente los trabajos realizados por los jóvenes para el Sector Turismo, excluyendo al embajador, lo que obviamente no le causo ningún agrado.

Las palabras de don Luis Alberto fueron una verdadera pieza maestra de oratoria pedagógica, agradeciéndoles primero por su labor y luego dándoles un panorama histórico y social de Costa Rica. Casi al final, les dijo: “Seguramente cuando ustedes llegaron a Costa Rica, sintieron el genuino afecto que tenemos los costarricenses por vuestro país. Lo sintieron en cada comunidad que visitaron, y en los buses de la locomoción colectiva que utilizaron para desplazarse diariamente de un lugar a otro. Estoy seguro que nunca recibieron un comentario ofensivo, ni vieron ningún muro pintado con consignas antinorteamericanas como “Yankee Go Home”, tan frecuentes en otros países. Y eso se debe en gran parte a que Costa Rica nunca ha sufrido el trauma de una invasión del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos”. Al escuchar las últimas palabras, los muchachos del Cuerpo de Paz estallaron en espontáneo aplauso y al embajador se le bajo bruscamente la borrachera, impactado por la lección de civismo y dignidad que había recibido.

Otra experiencia muy valiosa para el Sector Turismo, tiene que ver con el decidido apoyo que don Luis Alberto le dio a la aprobación de la Ley 6990, la Ley de Incentivos para el Desarrollo Turístico y a la creación de nuestra Bolsa de Comercialización Turística, EXPOTUR, ambos hechos en el año 1985.

Fotografía de la Revista Tecnitur de una reunión de trabajo de la preparación de lo que fue la primera EXPOTUR en 1985.

La historia de la Ley empezó, un poco antes, a mediados del año 1984, cuando el presidente de CANATUR, don Arturo Otero Ackerman, llegó a la sesión ordinaria del Consejo Directivo muy emocionado y nervioso. Había estado reuniéndose con el embajador de los Estados Unidos, don Curtin Winsor Jr., una persona de mucho prestigio, tratando de convencerlo de que el USAID incluyera al Sector Turismo entre los programas que ayudaba a financiar en Costa Rica. Después de muchas reuniones e insistencia, el embajador se había comprometido a intervenir, pero le puso dos condiciones: Una fue que el gobierno estableciera de un modo creíble que el Turismo era un área prioritaria de desarrollo, y una segunda, muy insólita, que se cambiara al presidente ejecutivo del ICT, el Dr. Montero, con quien él y otros funcionarios de la embajada habían tenido desavenencias. En su entusiasmo, Arturo le había dicho al embajador que no había problema en convencer al presidente de la República, para lo cual ya habían pedido cita y se la habían concedido para el día siguiente.

En la Consejo Directivo de CANATUR, las opiniones estaban divididas, ya que había miembros favor y también en contra del Dr. Montero. Por mi parte, yo era presidente de ACOPROT y tenía un asiento en esa Junta y conocía de muy cerca la amistad que había entre el presidente Monge y el Dr. Montero. Además, me pareció impropio que el embajador de un país extranjero pusiera esa condición. Al final, se aprobó una moción mía, que consistía en llevarle al presidente un borrador de Decreto que declarara al Turismo como una actividad de la más alta prioridad del gobierno. Aquella noche operaban a mi esposa en el Hospital San Juan de Dios y yo estaba apurado, pero Arturo me convenció de que redactara el borrador del Decreto para que el gerente de CANATUR, don Victo Garro, lo recogiera a la medianoche en el Hospital. Apenas llegué, me pasaron a una Sala donde extraían sangre, por lo que, a la par de la cama de mi esposa, empecé a redactar el Decreto con síntomas de mareo. Cuando termine de redactarlo, me pareció que era muy breve, que había que “ponerle más carne” y recordé que desde hacía varios años la principal aspiración de CANATUR era que se modernizara la legislación turística del país. Esta aspiración nunca se había logrado por falta de consenso político. Fue así como agregue dos párrafos en los que el gobierno se comprometía a elaborar y enviar a la Asamblea Legislativa una nueva legislación turística con incentivos fiscales para su desarrollo, en un plazo breve de 180 días.

Al día siguiente, el presidente recibió al embajador Winsor y a Arturo, quienes le presentaron el borrador de Decreto. Don Luis Alberto se entusiasmó de inmediato, al extremo de ordenar que de inmediato se pasara a formato oficial para firmarlo. Por eso, el Decreto tiene la misma fecha de la reunión. El embajador norteamericano también quedo muy satisfecho y no volvió a insistir en su idea de sustituir al presidente ejecutivo del ICT. El cronograma previsto en el Decreto se cumplió y la Ley 6990 pudo ser promulgada en julio de 1985, en el mismo mes en que se celebró el 30 Aniversario del ICT.

Hubo muchas otras importantes demostraciones de apoyo de don Luis Alberto al Sector Turismo y sería muy largo recogerlas todas. Para concluir estas líneas de recuerdos, fue muy importante para los jóvenes profesionales del turismo, organizados en ACOPROT, el apoyo que nos brindó para la primera EXPOTUR. De su gobierno es el Decreto que legalizó y declaró de interés público el evento. Su presencia en el Acto Inaugural y el tiempo que dedicó en saludar, casi uno por uno, a los más cien mayoristas extranjeros que llegaron, causó una impresión muy positiva. A partir de allí se instauró la tradición de que todas las inauguraciones cuenten con participación de los respectivos presidentes de la República. Don Luis Alberto Monge Álvarez falleció el 29 de noviembre de 2016, dejando un importante legado para Costa Rica.

El autor fue Director de Recursos y Servicios Turísticos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) durante la Presidencia de don Luis Alberto Monge (1982-1986) y presidente de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo (ACOPROT).


EXPOTUR COSTA RICA 1985
Discursos de la Histórica Inauguración:

Discurso del Presidente de la República, Luis Alberto Monge

Con sincero afecto y profunda simpatía, saludo a todos los distinguidos asistentes a este importante acto. A los estimables delegados de los países amigos, les doy la más cordial bienvenida y les ofrezco, complacido la hospitalidad del pueblo costarricense, pueblo pacífico por excelencia, fraternal y abierto a todas las corrientes de pensamiento. Este acto marca un hito más en la promoción del producto turístico costarricense: Expotur-Costa Rica, la primera bolsa de turismo de nuestro país.

Nuestro pueblo se enorgullece de haber desarrollado desde los orígenes de su historia, una cultura basada en la libertad, la democracia y la paz, una cultura basada en el respeto al derecho ajeno y la dignidad del ser humano. Nuestra confianza en la racionalidad del ser humano y en la fuerza de los valores espirituales nos hizo dirigir, desde los albores históricos, nuestros mayores esfuerzos hacia la educación de los ciudadanos. Por eso se invierte la mayor suma de los fondos públicos en servicios educativos y se eliminó constitucionalmente el ejército desde hace más de siete lustros, hecho singular en el contexto político internacional. Creemos de corazón en la coexistencia pacífica, en la buena vecindad y en la ayuda mutua.

Quiero subrayar estos aspectos de nuestra idiosincrasia, porque pueblos hermanos vecinos sufren hoy el torbellino de la violencia armada y se nos quiere meter en él, por ignorancia o mala fe. Nos duele profundamente ver a países hermanos desangrados por la guerra; pero somos neutrales y respetamos fielmente el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados. Costa Rica lucha siempre por la paz y condena la guerra. Tuve el honor de oficializar una tendencia histórica de nuestro país, la neutralidad, y quiero reiterar, por enésima vez, que mi Gobierno es inflexible en su voluntad de mantenerla incólume, porque está convencido de que, dada la gravedad de la hora presente, es la mejor opción para nuestro país.

Costa Rica es consciente de la importancia del turismo, una industria de enormes beneficios económicos y sociales. Por ello, hace un mes promulgué la ley de incentivos a la industria turística, que proporciona todo el respaldo que los empresarios nacionales y extranjeros requieren para mejorar la calidad del producto y desarrollar nuevos proyectos de inversión turística. Pero también vemos en el turismo otros valores importantes. La libertad de movimientos, consagrada como derecho esencial del ser humano, tiene en el turismo la forma más creativa de convertirse en un derecho real. Nuestro pueblo no acepta ni justifica «MURALLAS» que reduzcan esta libertad básica.

El fortalecimiento de la paz internacional, por medio del conocimiento y comprensión que el turismo confiere, es otro efecto al que atribuimos la mayor relevancia. Deseamos que nuestro país sea visitado por turistas de todas las latitudes, para ofrecerles, dentro de la modestia de nuestras instalaciones, lo mejor de nuestra cultura y hospitalidad. Sé que ustedes, como admirables profesionales en la rama del turismo, realizarán en esta bolsa un intensivo trabajo de negociaciones, que le permitirá a Costa Rica, en los próximos años, recibir más turistas provenientes de los países, aquí dignamente representados. Les anticipo mi gratitud por ello y formulo los mejores votos por el éxito de este importante evento.

Asimismo, felicito a la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo, al Instituto Costarricense de Turismo y a todas las personas y entidades que hicieron posible la realización de esta primera bolsa de turismo en Costa Rica, EXPOTUR.

 

Discurso de Carlos Lizama, Presidente de la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo

Para la Asociación Costarricense de Profesionales en turismo y para la industria turística en su conjunto, el evento que hoy inauguramos constituye un paso histórico y trascendental. Iniciamos la primera Bolsa de Turismo de nuestro país, el primer evento de comercialización y promoción de nuestro producto turístico costarricense hecho en nuestra propia casa, como anfitriones de un numeroso y calificado grupo de empresarios turísticos de otros países que han aceptado la invitación de venir a explorar las posibilidades de comercialización que tienen nuestros bienes y servicios turísticos.

Costa Rica es un país privilegiado para el desarrollo del turismo. Privilegiado por la exuberancia de sus recursos naturales de flora y fauna; privilegiado por su ubicación geográfica entre dos océanos y entre dos continentes y a escasa distancia aérea de los grandes centros emisores de turismo: privilegiado por su clima benigno gracias al cual tenemos los índices de prolongación de la vida humana más altos del mundo; privilegiada en fin por el clima social pacífico, culto, democrático y hospitalario de su pueblo.

Sin embargo, pese a ello, Costa Rica no ha sido descubierta todavía por las grandes corrientes turísticas internacionales. Sus mejores recursos turísticos permanecen aún inexplorados, es un destino turístico potencial. Nuestra oferta turística está aún poco desarrollada, nos faltan hoteles, caminos y otros servicios básicos. La reciente Ley de Incentivos al Desarrollo del Turismo ha abierto las puertas a una nueva etapa del turismo en Costa Rica. Gracias a ella, nuestra oferta turística podrá crecer y modernizarse a paso rápido si sus efectos benéficos se completan con otras acciones dinamizadoras de parte del Estado, como la financiación bancaria y si los inversionistas privados actúan con la rapidez debida.

Para la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo, esta etapa de cambio en el turismo costarricense debía ser enfrentada también con nuevas acciones audaces, fuertes y dinamizadoras sobre la demanda, sobre los mercados meta externos de Costa Rica. Acciones que permitan dar a conocer ampliamente nuestro producto turístico, romper las imágenes distorsionadas sobre nuestro país y proyectar la verdadera, establecer mecanismos de negociación directa entre los productores de bienes y servicios turísticos de Costa Rica y las principales empresas comercializadoras del turismo internacional de América, Europa y Asia. Para ello fue que creamos EXPOTUR, como una contribución que pusimos a la disposición de toda la industria turística nacional y del Instituto Costarricense de Turismo.

Ha sido una tarea dura, aunque enormemente motivante crear EXPOTUR. Hemos sufrido todas las dificultades y obstáculos de un primer parto, pero ya el hijo ha nacido y solo nos corresponde alegrarnos y esforzarnos porque crezca y se fortalezca.

 

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2 comentarios

  1. Luis Guillermo Calvo Campos

    Excelente artículo se refleja la visión de futuro de los que participaron en la creación de la Ley de Incentivos al Turismo y la disposición de un Presidente de la República que a no dudarlo se recordará como uno de los mejores del Siglo XX
    Gracias Carlos por tan buen artículo

    • CARLOS LIZAMA HERNANDEZ

      Muchas gracias por tu comentario querido amigo Luis Guillermo. Efectivamente tuvimos mucha suerte como pais al tener un Presidente como don Luis Alberto.

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Editado por Mauricio Lizama Oliger