En los últimos años, ya jubilado, he participado algo menos en temas políticos, sobre todo ahora que Costa Rica atraviesa una fuerte polarización. No obstante, en las últimas semanas he oído situaciones que me inquietan por su impacto en el turismo, y deseo retomar algunas reflexiones con ustedes. Mi trayectoria en este sector me ha mostrado que las políticas turísticas necesitan un entorno de unidad nacional, sin importar las diferencias partidistas. Sin embargo, recientemente me han preocupado tres posturas que podrían alterar ese clima de cohesión.
La primera de estas manifestaciones la escuché en una entrevista televisiva al economista, el señor Eli Feinzaig, quien incluyó al Instituto Costarricense de Turismo (ICT) en una lista de instituciones públicas que propone cerrar o fusionar con otras instituciones, con la supuesta finalidad de reducir los costos de la administración pública del país.
Esta añeja idea, para nada innovadora, ya se había planteado muchos años atrás, a mediados de los años ochenta, por otro economista, el señor Ottón Solís, cuando era ministro de Planificación. Ambos criterios reflejan, a mi parecer, un gran desconocimiento acerca de la importancia que tiene el sector turismo para Costa Rica y de las características particulares de su funcionamiento. Hay, también, otros economistas que han pretendido quitarle al ICT la autonomía constitucional que tiene para manejar los recursos financieros.
Afortunadamente, tanto en aquel entonces como en la actualidad, ninguna administración ni el propio sector turístico han aceptado este tipo de propuestas. Como resultado, el ICT ha asumido un papel central, logrando hitos mediante campañas internacionales posicionando al país como uno de los destinos más populares y de mayor calidad a nivel mundial. Entre otros avances, también se ha impulsado a las MiPymes turísticas y se han creado herramientas pioneras como el Certificado de Sostenibilidad Turística (CST), entre otras.
Igualmente, gracias a su autonomía constitucional, ha logrado articular exitosamente la promoción y el desarrollo del turismo, en conjunto con empresas privadas del sector, así como con la Cámara Nacional de Turismo (CANATUR) y las asociaciones, cámaras subsectoriales y las asociaciones de profesionales, como la Asociación Costarricense de Profesionales en Turismo (ACOPROT), entre otras. Entre las obras más importantes en los últimos años que esta independencia le ha permitido realizar, se encuentra la creación del Centro de Convenciones de Costa Rica. Por lo anterior, resulta incomprensible esta reiteración, sin ningún fundamento, de que se pretenda cerrar el ICT y trasladar sus recursos financieros a la caja única del Estado.
Cambiando de tema al segundo punto de vista, que lamentablemente ya se convirtió en realidad y que también fue propiciada por economistas del añejo neoliberalismo de los 90, consistió en la eliminación de la autonomía que tenían el Consejo Técnico de Aviación Civil (CETAC) y la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) para administrar los recursos producidos por las concesiones de los aeropuertos Juan Santamaría, en la región metropolitana, y Daniel Oduber Quirós, en Liberia.
Estos recursos permitían continuar las obras de mejoramiento y mantenimiento de ambos aeropuertos, atender las necesidades de los aeródromos locales y destinar un fondo especial a los estudios del futuro aeropuerto internacional que necesita la región metropolitana, ante la saturación que ya está afectando al aeropuerto internacional Juan Santamaría.
Adicionalmente, esos recursos también permitían mantener las calificaciones técnicas y las certificaciones profesionales del sistema de aviación civil de Costa Rica, el cual en los últimos años no se ha modernizado, por lo que corremos graves riesgos de sanciones por parte de los organismos internacionales de aviación civil, como la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), así como de las agencias reguladoras de la aviación civil y del transporte aéreo del gobierno de los Estados Unidos y de las propias empresas aéreas internacionales.
Esta situación se produjo como consecuencia de la “Ley N.° 9635, Fortalecimiento de las Finanzas Públicas”, aprobada durante el gobierno de Carlos Alvarado. A partir de esa ley, quedaron abandonadas las obras en los aeropuertos y aeródromos del país, lo que provocó una grave crisis en el aeropuerto de Liberia, particularmente en su pista de aterrizaje.
Cifras recientemente publicadas, indican que el crecimiento de la demanda, en el aeropuerto internacional Juan Santamaría, se encuentra estancado desde hace varios años por la imposibilidad de incorporar nuevas aerolíneas y aeronaves con suficiente cantidad y capacidad de asientos. Aunque para mí se trata de un tema reiterado, debo insistir en la gravedad de seguir dependiendo únicamente de este aeropuerto, ya que algún desastre natural, como el ocurrido en 1963, o un accidente aeronáutico, podrían dejarnos aislados del resto del mundo. Pueden leer mi artículo de la Erupción del volcán Irazú 1963-1964: Efectos en el Turismo y el Transporte Aéreo.
Finalmente, un tercer punto de vista o visión actual, que también afecta al turismo, pero que todavía no se ha materializado, tiene que ver con el Ministerio de Cultura y Juventud y sus dependencias. Al respecto, han surgido algunas opiniones de economistas que no valoran la cultura, considerándola solamente como un gasto y diversión, sin conocer su enorme valor, no solo cultural e histórico, sino también económico, así como su capacidad para generar centenares de miles de empleos.
Como consecuencia, critican al Ministerio, por la supuesta gran cantidad de unidades ejecutoras que tiene, cada una de ellas relacionada con las múltiples especialidades artísticas y culturales del país. Cada una de estas, tiene características muy propias y variadas y diferentes entre sí. No son equivalentes la música, las bellas artes, las artes plásticas, las artes teatrales o las expresiones folclóricas. Cada cual tiene características importantes que hay que entender para poder gestionar eficientemente. Toda esta enorme amalgama de actividades justifica una organización. Adicionalmente, la mayor parte de estas asociaciones o gremios culturales son pequeños y cuentan con pocos recursos humanos.
El tamaño del Ministerio de Cultura y Juventud es muy reducido, siendo constantemente atacado y dotado de pocos recursos en comparación con otras instituciones del Estado, por parte del Gobierno de la República, lo que refleja el alto grado de ignorancia de estos críticos y oponentes del valor real de la cultura en la economía nacional.
Si se aplicara, por el contrario, una política creativa e innovadora, esto traería un progreso notable para el país, ya que el arte y la cultura a nivel mundial son algunas de las industrias más exitosas que existen y generan en todas partes riqueza y empleo, sobre todo en Europa, que constituye la parte más importante de la demanda turística. Un ejemplo notable, lo constituyen los museos y los espacios donde se presentan obras de teatro y musicales, que en otros países son tratados como tesoros, y que lamentablemente en Costa Rica están siendo abandonados.
He mencionado a economistas en particular que han manifestado ciertas posiciones de reducción, fusión o cierre de instituciones públicas, pero debo aclarar que no soy del todo contrario a buscar una eficiencia del Estado con evaluaciones y análisis técnicos bien detallados y fundamentados de los cambios que son importantes realizar para mejorar las instituciones. Justamente, teniendo mejores informaciones podemos construir una conversación o debate democrático de altura para construir un mejor país.
No obstante, siento que hace faltan esos estudios detallados que permitan avanzar. Espero que esos tres puntos de vista que he evaluado, no sigan fructificando. En especial, al que concierne al ICT y el turismo directamente, que es la actividad más importante de mi vida. Creo que el turismo debe seguir manteniendo su independencia en lo relativo al desarrollo de su potencial actual y futuro. Respecto al segundo punto, ojalá el daño sea revertido y se derogue la ley en lo referente a los fondos destinados al desarrollo de la aviación civil y los aeropuertos, que son estratégicos para el desarrollo turístico de Costa Rica. Y en el tercero, dejaría la legendarias palabras del gran conductor de orquesta italiano Riccardo Mutti cuando hicieron lo mismo en Italia con los fondos a la cultura, «no soy político, pero puedo decir que si nuestra cultura sigue siendo asesinada, nuestra Italia será ‘si bella e perduta’ (tan bella y perdida)”. En este caso, que nuestra Costa Rica siga siendo tan bella y no termine perdida.
Deja una respuesta